Análisis
Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro por Edgar Morin
El
sistema actualmente presenta grandes obstáculos para mejorar entre ellos se
cuenta la resistencia de los actores primordiales, como lo son los educadores
para adaptarse a los cambios y también la falta de políticas educativas
eficaces que incorporen herramientas adecuadas a las situaciones cognoscitivas
y tecnológicas del presente, aunque se incrementen los esfuerzos que realizan
una minoría de personas interesadas y motivadas al cambio.
La
educación del futuro obliga a reflexionar sobre los saberes que habitualmente
son ignorados en los programas de estudio de la actualidad, por tal razón se
debe contar con actualizaciones necesarias en las propuestas curriculares que
se efectúan para los tiempos futuros.
Esta
alternativa demanda cambios trascendentales en nuestro estilo de vida y
comportamiento, la educación juega un papel vital en todo esto porque es un
instrumento muy poderoso para fortalecer el cambio. Significa alterar nuestra
manera de enseñar, organizar el conocimiento, eliminar conductas tradicionales
para concebir lo nuevo, por otro lado es imprescindible reformular las
políticas y programas educativos y mantener el rumbo a largo plazo para las
futuras generaciones.
El
autor presenta siete principios claves que considera ineludible para la
educación del futuro. El texto pretende exponer los problemas centrales que aun
son ignorados u olvidados y que son necesarios para enseñar en la actualidad.
El autor hace un llamado al razonamiento, abrirnos a nuevas ideas, nuevos
pensamientos y nuevas estrategias para transmitir conocimientos.
Las
cegueras del conocimiento: el error y la ilusión
No
existe conocimiento que no este de alguna manera amenazado por el error y por
la ilusión; la primera labor de la educación es impartir un conocimiento capaz
de criticar el propio, dotar alumnos de la capacidad para detectar y subsanar
los errores e ilusiones del conocimiento y al mismo tiempo enseñar a convivir
con sus ideas.
Los
principios de un conocimiento pertinente:
Se
debe promover un conocimiento que aborde los problemas globales y una vez
comprendidos y fundamentales extender en el los conocimientos, regionales y
locales. Resalta la misión que tenemos en lograr la inteligencia general para resolver
problemas.
Enseñar
la condición humana
El
estar en el mundo, pero no solos sino junto a otros, creciendo, madurando,
existe la unidad del ser y la diversidad de la humanidad, estas aclaraciones
nos hacen saber que cualquier acción que apliquemos para solucionar una
necesidad particular se vera reflejado en otros sujetos.
La identidad terrenal
Debemos
educar a una humanidad consciente de la unidad y diversidad, debemos educar
sobre la dificultad que se enfrenta alrededor del universo.
Educar para
este pensamiento de unidad global es la finalidad de la educación del futuro en
la búsqueda de la identidad y la
conciencia terrenal plantea Edgar Morín. Puesto que si consideramos la gran
variedad de lenguas, culturas y religiones que existen en el mundo actualmente
veremos que la riqueza de la humanidad está en su diversidad y que lo que ahora
conocemos como “la mundialización”
Enfrentar
las incertidumbres
La educación
del futuro debe hacer énfasis en aclarar las incertidumbres ligadas al conocimiento,
una educación que nos ayude a enfrentar
las incertidumbres, pues si bien es cierto que nos hemos educado aceptablemente
bien para enfrentar lo seguro nuestra educación para la incertidumbre es
deficiente.
Enseñar la
comprensión
El mundo se
comunica por todas las vías posibles hay
que tomar en cuenta que la comunicación no siempre da la comprensión, es allí
donde la educación como base fundamental
juega un papel importante en su
sentido espiritual; esta comprensión
puede darse de dos formas: interpersonal, (directa en el individuo) e
intergrupal, (entre individuos) con el fin único de lograr lo que Morín ha
descrito como una “comprensión
planetaria”.
La ética del
género humano
El sentido de lo humanidad que
propone Edgar Morín se halla esencialmente en la aceptación de lo diverso, en
sus valores de complejidad y diversidad. El lugar de partida en este género de
democracia de aceptación es el hombre mismo. Morin clama por una ética válida
para todo el género humano como una exigencia de nuestro tiempo, además de las
éticas particulares.

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